Abrir los ojos, y estirarse como si se
te fuesen a salir todos y cada uno de tus huesos, ponerte en pie, un nuevo día,
recorrer las cortinas y ver el mar, la playa, como se mueven los granos de
arena por la suave brisa que recorre ese paisaje, vestirse y salir, ir pisando
con cuidado para no quemarte, extender la toalla, quitarte las gafas de sol y
salir corriendo al agua. Empezar a nadar en un sentido, y no parar de nadar, y de repente cuando
te quieres dar cuenta estas en la otra punta de ese camino, y ves como después de tanto nadar, después de tanto luchar para llegar al fondo, la corriente te
lleva donde quiere, como si algo tuviese otros planes para ti, meter la cabeza
debajo del agua, y ver lo diferente que es todo, la lucha y el cansancio que te
ha llevado nadar, para que ahora estés en medio de ese gigante mar, sola.