Solemos abandonar las cosas cuando se ponen difíciles.
Creemos que no somos capaces, que no somos lo suficientemente inteligentes, que no somos lindos,
que todo es un camino muy largo y agotador como para hacerlo.
Los humanos somos así.
Pensamos lo imposible, creamos ideas, nuestro cerebro piensa diez millones de planes por segundo, pero a fin de cuentas, vemos que es terriblemente difícil, que a mitad del camino no vamos a ser lo suficientemente fuertes y nos vamos a rendir.
No podemos entenderlo.
Tenemos más capacidad de la que creemos, sólo que no lo vemos.
Sólo tenemos que esforzarnos más y más, nos tenemos que exprimir y ver más allá del cansancio.
Tenemos que ver esa felicidad de haber cumplido algo tan importante, tan puro.
Creemos que a las demás personas la vida fue fácil.
Se recibió de médico con honores, es el mejor cirujano, el mejor arquitecto.
Pero no es así.
No conocemos el cansancio y el esfuerzo que tuvo que poner esa persona para lograrlo.
Nada es fácil, para nadie, tenemos que esforzarnos y poner fuerzas como todos.
Lo único que cambia es cómo recibimos nuestros obstáculos.
Podemos soltarlo y hacer algo más simple, menos elaborado, o podemos verlo como algo nuevo, una oportunidad para sorprendernos a nosotros mismos y fortalecernos.
Como dije, tenemos más capacidad de lo que creemos.